lunes, 16 de abril de 2007


A tu orilla he venido. Tengo un otoño, un pájaro
y una voz desusada. Tú me esperas: un río,
una pasión y un fruto. Y tiene nuestro encuentro
el vuelo, la corriente, seguros, proclamados.

He venido a tu orilla con los brazos tendidos
y ahora ya soy la hierba que no termina nunca,
el barro donde el agua sujeta sus mensajes
y la cuna del cauce para mecer tu sueño.

Dime si estoy pendiente de mi diario trabajo,
si basta a tus oídos mi tristísimo verso
o si a mi sombra vive mejor mayo tu carne.

De tu orilla me iría si ahora me dijeras
que te amo solamente como los hombres aman
o que mi voz te suena como todas las voces.


José García Nieto, XIII (de "Tú y yo sobre la tierra")


Se tocan nuestras orillas, tu mar, mi río, se acarician y se mezclan, por lejanas que estén; se encuentran nuestros caminos que nacieron tan distantes y que, sin embargo, ahora son el mismo; se unen nuestras rutas cuando se nos hacía tan palpable que no se cruzarían jamás; se rozan nuestros ojos, se exploran nuestras manos, se besan nuestros cuerpos, acercándose, sin esfuerzo, a través del tiempo; sometidos, empujados, alentados, urgidos por el incesante vaivén de las horas...

Buenas noches..






9 comentarios:

Sofía dijo...

Los muslos de la mujer eran largos y húmedos. El fino vello brillaba dorado al sol. Interminable profundidad sin fondo de la piel. Cuando reía, parecía su risa estremecerle el sexo y desatar bandadas por el aire de indeclinables pájaros. Brotaba allí, me dije, como otras tantas cosas de la naturaleza.

Jardín botánico - José Ángel Valente (De "No amanece el cantor")


Buenas noches, Exilio. Risa larga, sueños fecundos.

Joselita del Sur - Exilio Voluntario dijo...

Que la risa te estremezca, que nos estremezca, de la cabeza a los pies, pasando por el sexo..

Buen deseo... buenas noches, Sofía.

Anónimo dijo...

La fotografía de hoy es evocadora y de un delicado erotismo.

El soneto, deslumbrante.

Su mapa, imprescindible.

Duerman bien. Hasta mañana.

Joselita del Sur - Exilio Voluntario dijo...

Querido RAF, a falta de la probablemente devastadora opinión de Pedritus, me quedo, sin dudarlo, con la suya, que no sólo es amable con mi leción poética, si no también con la fotográfica.

Sobre lo imprescindible de mi texto, no digo nada, que todo el mundo sabe que nos tenemos mútua querencia.

Gracias.

Y felices, descansados (o no tanto), satisfactorios sueños...

Anónimo dijo...

Hoy pensaba dejarte una poesía, de don Jaime, cómo no, del señor de Gil de Biedma, pero para qué, he pensado, tras comenzar a copiarla de mi inseparable librito de bolsillo que me acompaña en mis pequeños periplos de pies cansados.

Para qué, me he preguntado, si se pregunta el poeta después de haberse muerto a sí mismo, y dice haberse salvado escribiéndose su muerte, asesinando aquello que quizás prefiriera…

Y me pregunto esta noche (otra noche) si no debiera matarme una vez más entre palabras, o dejarlas dormir y contemplarlas desde la distancia, y llorarlas un rato, cual plañidera de negro a quien se le desprende un trozo de vida que no es más que un fotograma desgastado que se ha enredado y se repite una vez y otra vez y otra y otra más hasta que se evapora, con un leve tufillo a quemado, tras el que aparece esa luz que ciega y que no es más que la puta (con perdón) realidad…

No, no te dejo el poema porque se me cansa la muerte. Te copio las últimas pinceladas del poeta que huyó tras las bambalinas, en una moviola interminable.

No importa el dolor que se sienta por vivirse despreciable, importa el desprecio que se siente mientras se viven los dolores. O algo así.

Pero el sueño todo lo cura...

(De “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma”)

Yo me salvé escribiendo
después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.

De los dos, eras tú quien mejor escribía.
Ahora sé hasta qué punto tuyos eran
el deseo de ensueño y la ironía,
la sordina romántica que late en los poemas
míos que yo prefiero, por ejemplo en Pandémica…
A veces me pregunto
cómo será sin ti mi poesía.

Aunque acaso fui yo quien te enseñó.
Quien te enseñó a vengarte de mis sueños,
por cobardía, corrompiéndolos.

Aurinko dijo...

Buenas noches a todos. Encantado de poder seguirte leyendo, Exilio.

Besos:

aurinko

Anónimo dijo...

Caminos que se cruzan, caminos que se separan para volver a cruzarse, caminos que no parecen tener fin, caminante sin pausa que los recorre buscando no se qué, sin saber que al otro lado de camino otro caminante lo busca a él. Eternidad de la espera.

Joselita del Sur - Exilio Voluntario dijo...

Jaime, mi Querelle, a veces me pregunto cómo sería tu poesía, no la que ocultas hoy, si no la que nace cada día en tí, sin tus abismos y tus demonios...

Sería más dulce, sería menos dolorosa leerla, pero sólo nos mostraría un fragmento incompleto, un esbozo inacabado de lo que eres.

Gracias por acercarte a esta costa exiliada, cuando tan cerca de tí, naufragan o se escapan las naves de tu puerto.

Joselita del Sur - Exilio Voluntario dijo...

Javi, un placer tu visita y tus palabras. No te olvides del camino ue te ha traído aquí, y vuelve pronto.

Ed... la eternidad espera siempre.

Gracias, amigos...