jueves, 26 de abril de 2007


Me besaba mucho; como si temiera
irse muy temprano... Su cariño era
inquieto, nervioso.

Yo no comprendía
tan febril premura. Mi intención grosera
nunca vio muy lejos...
¡Ella presentía!

Ella presentía que era corto el plazo,
que la vela herida por el latigazo
del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad
quería dejarme su alma en cada abrazo,
poner en sus besos una eternidad.

Amado Nervo, Me besaba mucho


Todos esos besos, acumulados, preservados, expectantes, nonatos. Esos besos que me entregas a distancia, esos besos que te doy desde aquí lejos; todos esos besos que son llaves de la puerta de mi cuepo; esos besos que son contraseña al secreto que me ocultas. Esos besos, llenos de vino, de rastro de miel, de ansiedad casi enfermiza, de noches solitarias en las que busco tu mano, de días plomizos anhelando tu boca.

Esos besos, sí, que duelen de no darse.

Esos besos que me debes.

Esos besos, amor, esperando por tí en mis labios.


Buenas noches

6 comentarios:

Sofía dijo...

Alta columna de latidos
sobre el eje inmóvil del tiempo
el sol te viste y te desnuda
El día se desprende de tu cuerpo
y se pierde en tu noche
La noche se desprende de tu día
y se pierde en tu cuerpo
Nunca eres la misma
acabas siempre de llegar
estás aquí desde el principio.


Rotación - Octavio Paz




Qué hermoso es verte anochecer, Exilio. Acunarse en tus poemas, ver el día desprenderse de tus cuerpos y perderse en tus noches...

Besos soñadores.

Anónimo dijo...

Nada me has dado y para ti mi vida
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro,
las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del mismo sol que a mi me besa.

Mujer, nada me has dado y sin embargo
a través de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra
en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el pájaro que pasa
y que mojó de azul tu sentimiento.

Y sin embargo no me has dado nada,
no se florecen para mi tus años,
la cascada de cobre de tu risa
no apagará la sed de mis rebaños.
Hostia que no probó tu boca fina,
amador del amado que te llame,
saldré al camino con mi amor al brazo
como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa
en que bebes el agua que yo bebo,
vivo en tu vida, vives en mi vida,
nada me has dado y todo te lo debo.

Cuan preciso es Neruda...

Blues dijo...

DESPUÉS DEL AMOR

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.
Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir
retraído.
Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace
un instante, en desorden, como lumbre cantaba.
El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su
forma continua,
para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de
la llama,
convertirse otra vez en el cuerpo veraz que en sus límites
se rehace.

Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios,
delicadamente desnudos,
se sabe que la amada persiste en su vida.
Momentánea destrucción el amor, combustión que
amenaza
al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,
sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas
la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la
vida,
la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad
nos llamaba.
He aquí el perfecto vaso del amor que, colmado,
opulento de su sangre serena, dorado reluce.
He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado
pie,
y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,
la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa
nacido,
y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro
amor, que allí lúcido vela.
En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla
caldea sin celo,
está la boca fina, rasgada, pura en las luces.
Oh temerosa llave del recinto del fuego.
Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,
mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.


Vicente Aleixandre.

Después del amor queda todo; todo resta. Aún la llama inapagada de dos cuerpos jadeantes que en silencio se miran, se contemplan.
Despues del amor, queda el amor reticente, el amor agradecido, el colmado deseo -jamás apaciguado- de sentir, las caricias en el pelo.

Anónimo dijo...

Buenas noches.
Con este abrigo hecho de pelasan o de ternura o pelagra -aunque no sé bien lo que es esta palabra-, me voy a recorrer ahora las diferentes formaciones, a ver si todo está en orden;
porque me han dicho que falta algún extremo:
ignoro si el que limita al norte con las mesas de billar
o el que al sur linda con las bandas de música.

Vicente Aleixandre.

Buenas noches, digo por mi cuenta. Les sigo leyendo. Buenas noches otra vez, descansen.

D.K. dijo...

Voy a prenderme en la solapa
un caer que huele a flores,
un plantel con desamores.

Y a hacerme un verso que te cagas
para ver si alguien lo traga
y engalana mis balcones.

No me hagas ni puto caso si paso a tu vera
vendiendo fracaso como si fuera hierbabuena.
Aunque las gitanas guapas no lo vendan más barato
en el rastro donde pulen la tristeza.

Hoy traigo un trino que da calma,
que está ronco de aguardiente,
que está harto de la gente.

Y traigo el peine de mi alma,
que ya está hasta los cojones
de peinar tirabuzones.

No me hagas ni puto caso si paso a tu vera
vendiendo fracaso como si fuera hierbabuena.
Aunque las gitanas guapas no lo vendan más barato
en el rastro donde pulen la tristeza.

Te regalo mi fogata a fuego lento,
pa tus ojos de sarmiento,
y que no amanezca hoy.

Por un beso yo me arrastro como un sapo,
como un príncipe en harapos,
en fin... como lo que soy.

Y pa que no me eches en falta
llorando como un chiquillo
al ver marchar mi mercadillo.

Te dejo el sueño que más quiero,
para anclarlo en tu sombrero,
para hacerte unos zarcillos.

No me hagas ni puto caso si paso a tu vera
vendiendo fracaso como si fuera hierbabuena.
Aunque las gitanas guapas no lo vendan más barato
en el rastro donde pulen la tristeza.

Te regalo mi fogata a fuego lento,
pa tus ojos de sarmiento,
y que no amanezca hoy.

Por un beso yo me arrastro como un sapo,
como un príncipe en harapos,
en fin... como lo que soy.

EL RASTRO. MAREA

Besos, Exilio.

Hank dijo...

Los besos que te debo son los que me dejaste de cobrar cuando te los ofrecía.