domingo, 7 de octubre de 2007



Y esta palabra, este papel escrito
por las mil manos de una sola mano,
no queda en ti, no sirve para sueños,
cae a la tierra: allí se continúa.

No importa que la luz o la alabanza
se derramen y salgan de la copa
si fueron un tenaz temblor del vino,
si se tiñó tu boca de amaranto.

No quiere más la sílaba tardía,
lo que trae y retrae el arrecife
de mis recuerdos, la irritada espuma,

no quiere más sino escribir tu nombre.
Y aunque lo calle mi sombrío amor
más tarde lo dirá la primavera.

Pablo Neruda, Soneto XCVIII
(de "Cien sonetos de amor")



De nuevo me arrastra el sueño a su fiesta oscura, a su casa abierta, a su jardín plagado de silencios, a sus salas visitadas por presencias invisibles y murmullos atronadores. De nuevo me aferro al sueño, salvavidas de mi cordura, alto muro que impide el paso de la realidad y la conciencia, defensa sutil ante el miedo, frontera frágil entre lo merecido y lo deseado. De nuevo el sueño me toma de la mano como un niño y llena mi copa de vino como un amigo y cubre mi espalda con retazos de noche como un amante y cierra mis ojos con un beso apasionado mientras
pone en mis labios el nombre de mi amor...

Buenas noches.



Banda sonora para beber y vivir:












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