viernes, 26 de octubre de 2007







Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio:
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.

Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.

Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,

y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.


Pablo Neruda, Soneto XCII
(De "Cien sonetos de amor")



Con huellas de marea, invadiéndome lentamente, así la noche ocupa el espacio que te guardo, el rincón a mi lado donde perteneces; con lentitud delicada, con cuidadoso gesto, así la noche escribe con dedos de terciopelo el mapa de tus caricias en mi piel; con lengua incandescente, con suave firmeza, así la noche humedece mi cuerpo y lo abre como una fruta, y lo explora como un nuevo, irresistible manjar; con labios oscuros sobre mis labios ofrecidos, así la noche me somete y me doblega, convirtiendo mi boca en tu jardín privado y mis brazos en esa playa donde desembarcar de madrugada, apenas iluminado por la luna, solamente guiado por mis sueños...


Buenas noches.







Banda sonora para los que no se conforman con nada menos que aquello que desean:






1 comentario:

Juan de Mairena dijo...

Algún día hablaré, aqui mismo, del tenebrismo.
Pero eso será cuando tenga tiempo y ganas.
Ahora, besos para la dueña del sitio este.