domingo, 26 de agosto de 2007


Unos meses la sangre se vistió con tu hermosa
figura de muchacha, con tu pelo
torrencial, y el sonido
de tu risa unos meses me hizo llorar las ásperas espinas
de la tristeza. El mundo
se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel
ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro, con tu belleza cruel, y la justicia
sacándome los ojos por haberte mirado.

Y tú volabas libre, con tu peso ligero sobre el mar, oh mi diosa,
segura, perfumada,
porque no eras culpable de haber nacido hermosa, y la alegría
salía por tu boca como vertiente pura
de marfil, y bailabas
con tus pasos felices de loba, y en el vértigo
del día, otra muchacha
que salía de ti, como otra maravilla
de lo maravilloso, me escribía una carta profundamente triste,
porque estábamos lejos, y decías
que me amabas.

Pero los meses vuelan como vuelan los días, como vuelan
en un vuelo sin fin las tempestades,
pues nadie sabe nada de nada, y es confuso
todo lo que elegimos hasta que nos quedamos
solos, definitivos, completamente solos.

Quédate ahí, muchacha. Párate ahí, en el giro
del baile, como entonces, cuando te
vi venir, mi rara estrella.
Quiero seguirte viendo muchos años, venir
impalpable, profunda,
girante, así, perfecta, con tu negro vestido
y tu pañuelo verde, y esa cintura, amor,
y esa cintura.

Quédate ahí. Tal vez te conviertas en aire
o en luz, pero te digo que subirás con éste y no con otro:
con éste que ahora te habla de vivir para siempre
tú subirás al sol, tú volverás
con él y no con otro, una tarde de junio,
cada trescientos años, a la orilla del mar,
eterna, eternamente con él y no con otro



Gonzalo Rojas, La loba.



Espirales, volutas, neblinoso humo que se alza, que se eleva despacioso, lento, sutil; alas ingrávidas de tacto de nube, transporte inmediato en vuelo imparable hasta otro continente, otra tierra, otro pais . Olas, mareas, pleamares y borrascas, océanos diminutos en las manos, inmensos manatiales que brotan fecundos, corrientes invisibles uniendo dos mundos, dos fronteras, dos costas. Viento, brisa, tramontana violenta, huracán apacible, imprevisto ciclón de emociones y deseos, poniente cálido, helado levante de voz impaciente.

Espirales, bucles, azar, imprevistos... vuelo rasante, indeciso, esperanzado; alada mujer hecha con los tres elementos, voladora novata, insegura, imprudente, explorando las infinitas rutas que la llevan a su destino

Buenas noches.




Banda sonora dominical:

No hay comentarios: