
Cúbreme, amor, el cielo de la boca...
Rafael Alberti
1. Aire sólo, fervor que callo y digo,
palabra que te nombra y te delata,
que te eleva en su vuelo o te maniata:
en mi boca te encierro o te prodigo.
Te dejo a la intemperie o al abrigo,
te guardo en ventisquero o en fogata.
Pródiga, codiciosa catarata,
vas en mi labio como fiel testigo
de todo lo que en él pones y eres,
de todo lo que en él tu sed convoca
y de lo que en su amor beber quisieres.
Silencia esta ebriedad que el labio aloca
y con el agua en que dichoso mueres
cúbreme, amor, el cielo de la boca.
2. Hay esta piel por tanto beso herida,
esta música en tanta luz cegada,
esta ternura a solas escanciada,
esta verdad por tu fervor vertida,
esta palabra en sombras encendida,
esta caricia ardiendo derramada,
tu mirada bebida y escuchada,
tu silencio envolviéndome la vida,
todas las cosas que forman mi cielo:
el canto, la presencia de tu beso,
la voz que tiene cada anhelo preso,
los aleros del ave ahíta en vuelo,
tu sed lo enciende todo y me lo quema
con esa arrebatada espuma extrema.
Carmen González Huguet, Ausencia (fragmento)
Seré de arcilla en las manos que sepan moldearme, y seré madera viva entre los dedos diestros que sabrán descubrime, y seré agua fresca en la boca sedienta, y pan tierno que alimente al hambriento, y vino caliente en la noche fría, y sombra acogedora en el sol inclemente, y piel suave que cure las heridas, y hogar abierto al viajero que reconocerá la ruta para encontrarme.
Buenas noches.




















